UNA NUEVA VIDA CAPÍTULO 74 ¡Ferit y Seyram se vuelven a ver después de dos años!
Tras enfrentar un abismo del que pocos regresan, Seirán emerge del agua como si renaciera, renovada, fuerte, casi irreal. El mar, suave y frío, le besa la piel, pero lo que realmente vibra dentro de ella son los pensamientos que se remolinan con intensidad. Ha sentido la muerte demasiado cerca, la ha mirado con valentía, y ese encuentro la ha marcado para siempre. Comprende, como nunca antes, que la vida oculta giros que nadie imagina. Y en el turbulento terreno del amor, cuánta razón se guarda en ese descubrimiento: cuántas veces creemos que alguien es nuestro aire, hasta que la verdad nos golpea y notamos que era esa misma persona quien lentamente nos sumergía en la oscuridad.
Pero las lecciones duras moldean el carácter, y justo cuando una mujer se reconstruye, aparece aquel ser que no hunde, sino que impulsa a volar. Con esa revelación recién asentada en su alma, Seirán sale del agua para encontrarse con la mirada segura de Sinan. Él le ofrece una toalla, pero sus palabras la envuelven aún más: “No puedo dejarte, así como tú tampoco puedes alejarte de mí”. Un juramento silencioso que la estremece, interrumpido de pronto por los nervios de la dulce novia que corre de aquí para allá preocupada por los preparativos. Aun así, Sinan consigue tranquilizarla con la calma que lo caracteriza.
En un instante de sinceridad, Seirán admite ante Suna que regresar a Estambul la inquieta, porque esa ciudad guarda heridas que apenas han empezado a cerrar. Suna, sin embargo, le recuerda con dulzura que ya no es la misma mujer quebrada de antes; ahora camina al lado de un hombre bueno, alguien que la sostiene sin cadenas ni sombras.

Mientras los hombres acomodan el auto, Abidín, con una mezcla de nostalgia y decisión, confiesa que quiere visitar a su viejo amigo Ferit. Dos destinos que, inevitablemente, volverán a cruzarse. Y en la mansión Corhan, lejos de esas emociones, Ferit parece vivir en su propio universo. Entre risas y juegos, comparte momentos intensos con Dilar, la joven atrevida que ahora ocupa parte de su vida. Ella escapa por el balcón, evitando el desayuno familiar que él insiste en compartir. Entre ambos hay chispa, una chispa que a veces parece más peligrosa que liberadora.
En la carretera, Seirán conduce como si intentara huir de todo lo que fue. Suna va a su lado, tensa, hasta que llegan a un mirador y el mundo parece detenerse. Allí, con el viento moviendo su cabello, Seirán mira a Sinan a los ojos y le lanza una pregunta que cambia destinos: “¿Quieres casarte conmigo?”. Por un instante, el silencio se hace eterno, hasta que él responde con un “sí” cargado de emoción. Un abrazo fuerte, lleno de alivio, sella ese compromiso inesperado. Suna y Abidín presencian la escena, sorprendidos pero felices, aunque una sombra de preocupación cruza sus miradas.
El viaje continúa. Suna, inquieta, toma a su hermana aparte para preguntar cómo puede hablar de matrimonio justo cuando regresan a Estambul. Seirán confiesa que lo que teme no es a un hombre, sino a los recuerdos que dejó atrás. “Soy otra”, afirma, y su voz, cargada de determinación, convence incluso a la más ansiosa de las hermanas.
En la mansión Corhan, mientras tanto, un terremoto emocional sacude el ambiente. Orhan entra con Betül, su joven pareja, y anuncia sin titubeos que se casará con ella. La tía Hattu reacciona con horror, y Fakad no tarda en criticarlo por su pésimo desempeño en la empresa y por el mal ejemplo que ofrece a Ferit. Pero Orhan, firme, no busca permiso. Anuncia su decisión, y Betül remata la escena revelando su embarazo. Ferit, con una sonrisa amarga, los felicita y se marcha con frialdad. Fakad, venenosa, predice un futuro oscuro: “Él arruinará la empresa, y tú lo mantendrás”.
De vuelta en la carretera, Estambul aparece ante los ojos de Seirán, cargada de recuerdos dolorosos. Sinan percibe su inquietud, pero ella le responde con una sonrisa serena: “Soy feliz donde tú estés”. Un faro de esperanza en medio de tantas sombras.
Abidín pide detener el auto. Tiene algo pendiente. Sinan revela a Seirán que su amigo va a ver a Ferit, pero ella, sorprendentemente tranquila, responde que Abidín es libre de decidir. El pasado ya no debe gobernar sus caminos.
Sin embargo, lo que encuentra Abidín en la mansión no es al amigo de infancia, sino a un hombre endurecido por la amargura. Ferit lo recibe con frialdad, habla con ironía del embarazo de Betül y rechaza la invitación a la boda. Cuando Abidín menciona que Seirán regresó y se casará con Sinan, Ferit lanza una falsa felicitación y vuelve a cerrar la puerta de su corazón.

La historia avanza, llena de encuentros, distancias, preparativos y heridas antiguas que resurgen con fuerza. En casa de Esme, el reencuentro con sus hijas la llena de emoción, aunque la presencia de Cassín añade incomodidad. Más tarde, Seirán regala a Suna un collar hecho por ella misma, símbolo de su transformación, pero un repentino mareo la sorprende. En otro punto del centro comercial, Ferit siente la misma ansiedad inexplicable, como si una fuerza invisible los conectara.
Mientras las noticias se filtran a la prensa, las tensiones crecen. Sinan, inseguro, comienza a dudar; Seirán, herida por su desconfianza, lo enfrenta. Y al mismo tiempo, Ferit lucha contra sus propios fantasmas. En su taller, un brazalete antiguo desencadena un torrente de recuerdos que lo rompen por dentro.
El destino, caprichoso, guía los pasos de ambos hasta el día de la boda de Suna y Abidín. Todo transcurre entre risas y lágrimas, hasta que un movimiento inesperado cambia la energía del lugar. Ferit llega, y al mismo tiempo, se produce ese encuentro inevitable.
Seirán, al ir a buscar su ramo, dobla una esquina y tropieza. Dos manos firmes la sostienen. Cuando levanta la mirada, el tiempo se detiene.
Ferit.
El mundo alrededor desaparece. No existe música, ni invitados, ni promesas nuevas. Solo ellos. Dos almas que se reconocen al instante, a pesar de los años, del dolor, de la distancia. Sus miradas, cargadas de historia, se encuentran como si todo lo vivido volviera de golpe.
Un reencuentro que promete cambiarlo todo.