UNA NUEVA VIDA CAPÍTULO 75 ¿Seyram y Sinan se casarán?
En este capítulo, nos sumergimos en un torbellino emocional donde el amor, las heridas del pasado y las decisiones imposibles vuelven a encontrarse. Todo comienza retrocediendo dos años, en un hospital cargado de tensión, donde Ferit aparece devastado, luchando contra la frialdad de Suna, quien insiste en impedirle ver a Seirán. La desesperación lo consume hasta que, incapaz de seguir conteniendo el dolor, exige verla. Pero lo que observa desde la distancia le quiebra el alma: Seirán luce una sonrisa tenue, maquillada y tranquila, compartiendo un momento íntimo con un joven llamado Sinan.
La explicación de Suna no hace más que agrandar el desconcierto. Ella afirma que Sinan y Seirán están conectados por una herida mutua, por un dolor que los une de forma espiritual. Ferit, destrozado, siente que el amor que siempre creyó eterno se desmorona frente a él. Suna intenta que comprenda, rogándole que respete la frágil calma emocional que Sinan aporta a Seirán. Incapaz de soportar el peso de esta revelación, Ferit se aleja del hospital con el corazón hecho añicos. Lo que no alcanza a ver es que Seirán, en cuanto él se va, se desploma en los brazos de su hermana confesando la verdad: ella sigue amándolo con cada fibra de su ser, pero no puede permitir que él la vea tan debilitada, tan rota por la enfermedad que padece.
El tiempo avanza dos años, y en la boda de Suna y Abidín ocurre el inevitable reencuentro. Cuando Ferit y Seirán se miran, el mundo parece detenerse. Ella anuncia que ha decidido volver, mientras él, con la precisión de quien ha contado cada día de ausencia, le recuerda el tiempo exacto que ha transcurrido. Sin embargo, antes de que puedan profundizar en esa conversación que ambos necesitan, aparece Sinan proclamando su amor y tomando de la mano a Seirán con posesividad, congelando la tenue sonrisa de Ferit.

Durante la celebración, la tensión entre los tres es evidente. Un simple comentario de Ferit sobre el cabello de Seirán despierta los celos de Sinan. A pesar de esto, la ceremonia continúa, y en un giro sorprendente, Sinan pide que Seirán sea su testigo, mientras Abidín desea que Ferit cumpla el mismo rol. Aunque al principio Ferit duda, el cariño que siente por su amigo lo convence. Así, el destino vuelve a unir simbólicamente a Ferit y Seirán.
Mientras los novios recitan sus votos, Ferit no puede evitar recordar el día en que él y Seirán también se prometieron un futuro juntos. Más tarde, en un breve intercambio privado, Ferit le pregunta si aún dibuja, a lo que ella responde que ya no. Él confiesa su preocupación por sus diseños, que corre peligro de perder en dos días. La nostalgia entre ellos es palpable, pero el momento se ve abruptamente interrumpido por Cassim, quien recrimina a Ferit por su presencia en la boda siendo el exmarido de Seirán. La tensión crece cuando Sinan y la propia Seirán salen en defensa de Ferit, hasta que Cassim deja caer una bomba emocional: anuncia que Seirán pronto se casará con Sinan. Ferit disimula su dolor con una sonrisa cortés antes de retirarse.
La fiesta continúa, pero la atmósfera está cargada. En la pista de baile, Sinan abraza a Seirán, mientras ella, sin poder evitarlo, mira constantemente a Ferit, quien observa desde lejos, consumido por una mezcla de celos y tristeza. Incapaz de soportarlo más, Ferit abandona la fiesta y, sumido en la desesperación, busca refugio en el alcohol. Borracho y roto, imagina que baila con Seirán hasta que termina desplomado en la calle, donde Dillar lo encuentra y lo ayuda a regresar a casa.
Mientras tanto, Sinan lleva a Seirán a su hogar y, bajo el cielo nocturno, le dedica palabras dulces que la conmueven profundamente. Aun así, queda la duda de si sus lágrimas se deben al amor por él o al peso de lo que siente por Ferit.
Al otro lado de la ciudad, se desata otro conflicto. Suna, que parecía vivir una noche de ensueño en su luna de miel, recibe la visita de un misterioso hombre que la amenaza con revelar un secreto devastador si no cumple con el pago que le prometió. Aterrada, Suna huye del cuarto mientras Abidín se baña, y en un intento de ganar tiempo inventa una excusa para justificar su ausencia. La noche se vuelve aún más oscura cuando recibe un mensaje desesperante que renueva las amenazas. La mentira que ha creado para protegerse está a punto de atraparla.
Simultáneamente, Esme enfrenta a Seirán y le pide que sea honesta con Sinan, pues percibe que los sentimientos hacia Ferit siguen vivos en ella. Seirán lo niega, pero sus ojos delatan lo contrario. Por su parte, la madre de Sinan expresa su rechazo hacia Seirán, temiendo que su hijo sufra por su turbulento pasado, que incluye su matrimonio fallido con Ferit y un historial marcado por el escándalo público. La discusión entre madre e hijo abre una herida familiar que promete seguir creciendo.
Ferit, finalmente, despierta con una profunda resaca emocional y física. Dillar lo confronta con dureza, recordándole la batalla de un año y medio que él había ganado contra el alcohol, y lo expulsa de su casa decepcionada. Hundido por la culpa, Ferit intenta recomponerse mientras la vida lo vuelve a poner frente a Seirán en una pizzería, el lugar donde compartieron tantas citas. Sinan, celoso, observa cómo el camarero ofrece sin querer la pizza favorita de Ferit y Seirán, provocando un ambiente tenso que termina en una escena caótica.
En paralelo, Suna enfrenta el creciente peligro de su chantajista, quien ahora exige más dinero y amenaza con revelar que ella también tiene sangre Corhan, un secreto que podría destruir su matrimonio. Lo peor es que Casim escucha parte de esta conversación y empieza a sospechar la verdad.
En otro punto de esta intrincada historia, Betul y su ambiciosa madre continúan maquinando. Fingiendo una enfermedad, intentan manipular a Orhan para acercarse nuevamente a la mansión Corhan, alimentando sus sueños de poder. Sin embargo, en la casa, Gulgun pone límites con firmeza, aunque la paz dura poco, pues la madre de Betul provoca un escándalo en la cena familiar con sus comentarios hirientes.

En medio de todo este caos, Ferit se refugia en la cocina, donde recibe palabras sabias que avivan un rayo de esperanza. Ese impulso lo lleva de regreso a su taller, pero la inspiración parece haberlo abandonado… o eso cree. Sin que él lo sepa, Seirán pasa la noche entera diseñando en secreto las joyas que él no puede crear. Luego le envía los bocetos a través de Abidín, demostrando que, pase lo que pase, ella siempre será su musa. Dillar, al ver esto, le recuerda suavemente que alguien desde las sombras nunca ha dejado de protegerlo.
Suna, por su parte, cae aún más en la telaraña del chantaje, perdiendo el control de la situación justo cuando su padre descubre su secreto. Mientras esto ocurre, Sinan, consumido por los celos y la inseguridad, lleva impulsivamente a Seirán al registro civil para casarse de inmediato. Ella acepta, aunque sus ojos reflejan miedo y confusión más que ilusión.
En otro rincón, Serpil revela a Betul y a su madre que la verdadera dueña de la mansión es Seirán, destruyendo todas las ilusiones de grandeza que habían alimentado.
El capítulo culmina con Ferit abriendo una carpeta que contiene los bocetos enviados en secreto por Seirán. Al reconocer su estilo, su espíritu, su alma en cada trazo, comprende que su amor nunca ha desaparecido. Las piezas del destino parecen moverse hacia un nuevo enfrentamiento entre el amor, el deber y la verdad.
Y así termina este episodio cargado de intensas emociones, donde cada personaje queda a un paso de decisiones que pueden cambiarlo todo.